Vi por primera vez la escena del bar (cuando a Santos Trinidad se le cae el vaso y de ahí al infierno) en el gimnasio, debió ser la semana del estreno, la pusieron muchas veces. Yo estaba sacrificándome en una de esas maquinotas infernales, conectada a mi Ipod y mirando la pantalla por no mirarme los pies, sin apenas atención. Y recuerdo la sacudida, abrir más los ojos y como iniciar el gesto de retroceder, de apartarme de la pantalla, de rechazo, y al tiempo pensar: “Tengo que ir ya a ver esta película”.
No habrá paz para los malvados
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